Caminaba contra el viento, estaba anocheciendo y faltaba poco para llegar a casa; a lo lejos, se veía a mis amigos conversando en la mesa, aquella de color verde junto a la piscina, aunque estaba a cierta distancia, escuchaba la música y las risas de ellos. Al llegar no salude a nadie, estaba cansado como para formalidades. Fui directo al pasillo, que es la única entrada desde la playa, y subí por las escaleras hasta mi cuarto, amplio, fresco, y de vez en cuando oscuro. No lo dude, me serví un vaso con ron, y me eché en mi cama a leer algunos cuentos de Cortazar, mientras comía queso, y probaba de a sorbos mi ron que estaba perfecto. Era uno de esos días en lo que todo era romántico, y no le tenía miedo a nada. Cuando por fín me metí por completo a mi lectura subieron mis amigos a bajar más provisiones (comida basura y cualquier cosa con alcohol), y me animaron a bajar. No pasaron ni cinco minutos y ya estábamos todos conversando idioteces y disfrutando lo genial que es no decir nada importante en horas de conversación. Ya de madrugada, y gran cantidad de brindis y secos, se nos ocurrió ir a la playa. El viento era mucho más débil, así que inmediatamente estádamos tomándonos unas cervezas en la orilla. Ya en este momento el menos mareado era Andreita, la hermana menor de Giannina, que estaba por primera vez de juerga con nosotros. Andreita era bonita, y su hermana también, pero era Nadia la que nos dejó a todos anonadados, igualmente esto ya no importaba, a esa hora lo único que alumbraba era la luz de luna, que ese día no estaba muy colaboradora. Definitivamente a esa hora, lo único que importaba era que estaba muy inspirado, y que todos me ayudaban a escribir mis ideas en la arena; cosa que hasta hoy me parece lo más romántico que me ha pasado; diez manos escribiendo en arena, siguiendo instrucciónes cual orquesta dirigida por mí. Ya cuando todos perdimos la noción de estar vivos, y el alcohol y el sueño nos venció (creo yo a las 7:30 de la mañana), quedamos dispersos alrededor de nuestra obra, más muertos que vivos definitivamente. Curioso fue despertarnos, muchos mochileros de varios lugares, que nunca conoceré, estaban mirándonos; habían pasado cerca de dos días desde que estuvimos echados en la arena. Nos explicaron que el primer día que pasamos inconcientes, nuestros versos se hicieron conocidos en el pueblo entero, y más tarde en el país, y ya para la noche, era tema de conversación en todo el mundo. Nadie de nosotros entendía muy bien el cómo o el porqué. De todas formas uno de los mochileros, nos seguía conversando. Nos explicó que el segundo día de estar desparramados en la arena se iniciaron campañas en todo el mundo, desfiles, ferias, camisetas estampadas, hasta desfiles de moda. Todo era una locura. Las personas peregrinaban a nuestro pueblo solo para conocernos, y esos eran los primeros sujetos en llegar, aquellos mochileros, de mal aspecto y olor fuerte. De todas formas. en ese momento el mundo estaba detenido por nosotros. Debería aclarar que con la tremenda resaca que teníamos, ni recordábamos que habíamos escrito o hecho. Cuando nos paramos, con mucha dificultad, vimos que lo que habiamos escrito ya no estaba, y nos explicaron que por su importancia, aquellos versos habian sido recogidos y puestos en un lugar seguro. de tal manera que tuvimos que preguntar qué decían aquellas famosas palabras. Su explicación nos sorprendió aún más que lo anterior; los gobernantes del mundo decidieron que aquellos versos no podían ser pronunciados nunca más debido a su importancia. A estas alturas confieso haber pensado que podía ser una broma de mal gusto, o que el mundo había terminado de enloquecer, o lo peor, estaba tan intoxicado que ya estaba delirando e imaginando idioteces. Decidimos mis amigos y yo ir a dormir, porque la resaca seguía cruel con nosotros, y parecía no querer dejarnos jamás.
Al despertar, vimos que en definitiva, el mundo se había vuelto loco. Estábamos encerrados en un cuarto, cuadrado, de cinco por seis metros aproximadamente, sin ventanas, todo color luna llena rosada, y un sólo foco color verde que alumbraba a duras penas el cuarto. Había solo una nota, en resumen decía que así como los versos, sus autores también debían ser protegidos del mundo, y al igual que nuestra obra, fuimos encerrados para que nadie nos pudiera ver. Nunca supimos más de nada. Y mucho menos, sobre qué cosas escribimos. Lo único que recuerdo es que yo empecé dirigiendo aquella orquesta, que al final nos condujo a esto. Claro que de eso a nadie le importa, y espero que nunca lo haga, supongo que no tengo que explicar el porqué. No sé que pasó, pero hasta ahora pienso porqué dejé mis cuentos y mi ron, y porqué Nadia estaba preciosa en exceso aquel día, pienso muchas cosas, ya igual nada vale. Si alguien quiere intentar visitarnos algún día, vivimos en el cuarto de la bombilla verde, si por ahí pasan, recuerden.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario