martes, agosto 15, 2006
la mala suerte de una buena noche
...la chica volteó la cabeza muy rápido, nadie la seguía, fué sólo un susto. Siguió caminando, llovía mucho. Aunque era de noche, estaba muy despierta y con ánimos de no llegar a casa por lo menos en varias horas. Llamó por celular a su amiga, quedaron en reunirse donde Tania, y de ahi ver que hacían. Eran las 7:30 pm, habia luna llena, mucho tráfico, ella tenía 24 años, piel blanca de noche y dorada de día, sonrisa de niña, y ojos de madre; no soportaba caminar con tacos por lo que iba en zapatillas a trabajar, y era una hija ejemplar que visitaba a su madre cuatro veces por semana. Cuando llegó a la esquina, levanto su brazo para detener un taxi -en muchas capitales del mundo esto pudo haber tomado varios minutos, pero en Lima, era cosa de segundos- se detuvo un carro negro, parecía un Toyota del 95, le pregunto al conductor para ir hasta Miraflores, dando como referencia un centro comercial y una farmacia, ya que era pésima para recordar direcciones. Llegaron a un acuerdo, y en un instante ya estaba en el auto, maquillándose y pidiendo que pongan una emisora de radio más "romántica". Ya cuando se encontraban cerca a la farmacia que había dado como referencia para llegar al apartamento de Tania decidió bajarse ahí nomás, ya que le había provocado comprarse unos dulces antes, y mientras se bajaba del automóvil, pensaba que tenía que hacer dieta urgente. Llegó a la esquina, compró en la tiendita dos chocolates y un paquete de gomitas y se fue directo al departamento de su amiga. Cruzó la pista y decidió ir por el parque porque le parecía más seguro. Por segunda vez en la noche sintió que alguien la seguía. Al segundo, todo se puso negro, intentaba gritar, pero no podía, y a las justas podía moverse. Su último recuerdo fue el zapato que perdió mientras intentaba safarse. Amarrada, con los ojos vendados, en un espacio muy pequeño y oscuro yacía ella. No podía creer en su mala suerte, tenía muchas ganas de salir a divertirse y le pasó esto. Aún peor pensaba, no pudo comerse sus chocolates. Tenía frío pero eso no importaba, estaba molesta porque le malograron la noche, y no sabía todavía como iba a hacer para decirle a Tania que ya no iban a poder salir. Lloró de la rabia con mucha fuerza hasta que quedó exhausta y se quedó dormida.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario