viernes, noviembre 17, 2006

La breve historia de él y ella

Aquel día se despertó, el mal humor y el apuro de cada mañana ya eran parte de su vida. Apenas tenía 22 años, se graduó de la universidad hacía ya cinco meses, tenía un buen empleo hacía tres, y su barba a las justas llegaba a dos días. Nunca se veía al espejo antes de salir, se duchaba, tomaba un vaso de leche descremada con cereal, se vestía con uno de sus dos ternos y dos camisas de siempre -importante aclarar que siempre se vestía después de comer porque si lo disponía al revés probablemente su camisa iba a tener manchas del desayuno- y finalmente veía el resumen de deportes cinco minutos antes de salir. Todo esto, digamos en poco más de media hora.

Su nombre, no recuerdo, pero eso no tiene nada que ver. Su enamorada, estaba de vacaciones, como le gustaba pensar. La estaba esperando por lo menos dos años ya, sólo que a diferencia de muchos el no movía un dedo por encontrarla. Se le podría llamar tímido, aunque en el fondo, el lo consideraba romántico – cuando estaba borracho usaba mucho esa palabra- y bueno en eso se le resume la vida con mujeres.

Amigos….. si tenía, y muchos, pero los mantenía a distancia, era más cómodo de esa forma porque así no tenía que darle explicaciones a nadie.

Su familia, la típica familia que se quiere y que acosa en cumpleaños y fiestas. Pero le gustaba su familia y claro que la quería. Por sus amigos y familia lo que sea, siempre.

Siguiendo con su rutina, ya era diez para las siete, y el resumen de deportes ya había terminado. Hasta ese momento todo bien, el día era el mismo de siempre.

Recogió algunos documentos, se puso el saco, revisó si ya tenía las llaves, y todo listo para salir. Vivía en un cuarto piso, pero igual nunca usaba el ascensor; bajó por las escaleras, algo apurado, saludo a portero, compró el diario para revisar las noticias, y se fue caminando a la estación del tren. Vivía a algo de tres horas en carro de su trabajo, y odiaba manejar.

Día especial aquel, que junto a su asiento en el tren, se sienta, tal vez, la enamorada que había estado esperando. De forma muy natural empieza la conversación, y a los dos minutos de forma muy natural también terminó. En definitiva un desastre. Pero con lo terco que siempre fue, trató de nuevo de conversar, y parece que por cansancio la muchacha conversó con él.

Tal y como lo esperaba a la media hora de viaje eran ya grandes amigos y con un gran futuro, él no podía evitarlo, era un soñador, de esos que se emocionan por cualquier cosa.

Ella, un animal exótico, alucinante, simple. No tenía rutina, su vida era un desastre. Acababa de salir de un tratamiento anti-depresivo, la vida nunca la había tratado bien. Tampoco me sé su nombre. Pelo largo, bonita, amante de pasar desapercibida. Aunque ni intentado hubiera podido hacerlo. Le tenía miedo a la vida, le faltaban dos semestres para acabar la carrera, pero había decidido no volver, nunca se acostumbro a ese ambiente. Como cualquier día, no tenía nada que hacer; toda la mañana lo pensó bien, y al no encontrar respuestas planeó todo bien. Puso sus aspirinas para el dolor de cabeza en su cartera, y decidió finalmente un viaje por tren. Era temprano, como las siete de la mañana.

No consideraba tener amigos, y había decidido pensar que no tenía familia. Cogió su cartera, una chaqueta y salió.

Ya en el tren le tocó sentarse con un muchacho muy agradable. No le entendía nada de lo que quería decir, pero estaba muy cómoda a su lado. Así que decidió escucharlo como si fuera música que la calmara. A los treinta minutos, ya hablaban como si fueran grandes amigos.

Se despidieron, él se fue de muy buen humor, pensando en que éste era un gran día.

Ella se fue, satisfecha por conocer a alguien así, pero aún así resignada de la vida.

Habían intercambiado teléfonos. Y hasta habían quedado en verse uno de esos días para seguir conversando.

Ella sabía que era mentira.

Ya fuera del tren, fue a su lugar favorito. Era un parque, le traía buenos recuerdos, no sabía por qué. Caminó hasta el anochecer. En la calle, cuando estaba solitaria, decidió que era momento de hacer lo que había planeado. Mandó un mensaje de texto disculpándose con el chico que conoció ese mismo día en el tren, ya que no iba a poder salir con él para conversar uno de esos días. Sacó su cartera y tomó sus aspirinas.

Un nuevo día, él con la misma rutina de siempre. Ducha, desayuno, ropa de trabajo, deportes, llaves, escaleras, saludo al portero y…quedó desecho al ver las noticias de aquel día en el diario

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