domingo, enero 28, 2007

El rastro de tu sangre en la nieve [Cuento: Texto completo]

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/ggm/rastro.htm

Gabriel García Marquez

Su Despedida (Gabriel García Marquez)

"Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.Escucharía cuando los demás hablan, y ¡cómo disfrutaría de un buen heladode chocolate!.Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma.Dios mío, si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, esperaría a que saliera el sol. Pintaría, con un sueño de Van Gogh, sobre las estrellas un poema de Benedetti y una canción de Serrat, sería la serenata que le ofrecería a la luna. Regaría con mis lágrimas las rosas parasentir el dolor de sus espinas y el encarnado beso de sus pétalos....Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida..... No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos y viviría enamorado del amor. A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, ¡sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse!.A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido.Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres..... He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño por vez primera, el dedo del padre, lo tiene atrapado por siempre.He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse. Son tantas las cosas que he podido aprender de ustedes, que realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo".

martes, enero 09, 2007

yo se de una mujer...

Eran casi las dos, hacía frío pero aún así me resistía a abrigarme un poco. Conversaba con una tal Fiorella -ambos sabíamos que ese no era su nombre verdadero- era un animal muy exótico y codiciado, dependiendo del cliente podía valer hasta quinientos dólares la hora. Tratándose de mí, y mis necesidades solo me costaba un vodka tonic de rato en rato y pues mantenerla entretenida con mis anécdotas , cuentos y consultas. Fiorella era muy especial, tenía una mirada como impermeable, y una piel delgada, que aunque fina se sentía como una armadura. Nada del exterior podía tocarla, resultaba toda su existencia demasiado perfecta para este mundo. Todos la deseaban, muchos la tenían y gozaban, pero en realidad lo que me asombraba de esa mujer era como todas las noches en ese antro de bajeza, conservaba inmaculada su pureza, como un rastro de luz entre las sombras. Nunca la trate como a una puta, y ella nunca me habló como a un cliente, éramos dos desconocidos que gustaban encontrarse por las noches, dos animales nocturnos, amantes de despertar a las cuatro de la tarde, de vivir nuestra vida, de actuar en nuestro poprio teatro sin público. Sin duda éramos dos solitarios.Coincidíamos en que la mejor parte de nuestras vidas transcurría de noche, la misma noche que debilita los corazones. Y ella me debilitaba tanto el corazón, que muchas veces pensé en raptarla, ya tenía todo planeado. Invitarle muchos vodkas, pedirle que me acompañe afuera, y pues llevarmela lo más lejos de esa vida. Soy tan terco, sobretodo conmigo mismo, tanto que recién acepte que amaba a esa mujer casi despues de un año de visitas nocturnas a su lugar de trabajo. No sólo me volví alcohólico y amante del vodka con esas reuniones con mi Fiorella, me volví estupido e infeliz sabiendo que todas las noches algún viejo o cualquier patán se levantaba a mi chica. Ah, obviamente perdí mi trabajo de profesor de literatura por mis contínuas tradanzas (con mi afición al vodka y a despertarme tarde, pues era imposible tener trabajo alguno) y toda la familia me veía con repugnancia e incomprensión. Deseaba tanto en esos días tener esa piel elegante de Fiorella, esa piel delgada capaz de aislarme del mundo , de protegerme cual coraza; tener su mirada, perdida, a veces ajena, desentendida. Hay quienes dicen que la buena gente duerme mejor que la mala gente, y lo que pasa es que la mala gente se lo pasa bastante mejor cuando está despierta (cosa que mi familia y amigos no comprendían cuando me miraban como un ser perddo sin salvación). En fin, lo importante era que Fiorella sabía eso. Lo que ella no sabía es cómo dejar la vid que llevaba. Su vida de prostituta era su adicción, tanto como el vodka y las conversaciones conmigo. No comprendía un mundo sin venderse, hasta le gustaba. Hasta ahora no me explico como lo hacía sin perder la pureza. Traté de convercela tantas veces como vodkas se tomó a mi lado, pero fue en vano, era en definitiva un caso perdido. Uno del que me había enamorado.

Decidí un día dejarme de tonteras de raptos y de convencimientos y llegué a un plan más tangible y posible. Un plan digno de un valiente, de un enamorado. Decidí después de largas jornadas de profundos pensamientos, que iba a esperarla, hasta que sea vieja, hasta que ya no pueda trabajar, hasta que no tenga más opción de irse conmigo, a vivir solos en nuestro pequeño teatro sin público ni asientos, donde sólo la vea yo, y la apluada yo.