viernes, junio 29, 2007

El Rocío de invierno

En el momento en que la vide deje de amenazar el quitarme lo querido, justo ahí, preferiré quitarme la vida, a perder la incertidumbre y el miedo.

……

Imagino que estaba lloviendo un poco, suave, como llueve siempre en invierno, como un rocío intenso. Imagino también que pensaba ansiosa en vernos. Estoy seguro del hecho de que la radio estaba prendida, a un volumen moderado, ambas manos al volante, repasando las letras de las canciones que escuchaba. Por otro lado quiero imaginar también que todo fue rápido, y que lo único para lo que tuvo tiempo, fue para gritar en su mente que nos quería.

El camión era rojo, un chevrolet, según los documentos, tenía quince años de antigüedad, y ya varias oportunidades en las que se prefirió no dar afinamiento. Pesaba diez veces más que el carro de mi mamá, y la lastimó tanto como si la vida se la hubieran quitado diez veces.

Hubiera sido bueno tener tres o cuatro años, para que con cualquier mentira que me dijeran me libre del comprender que la persona a la que más quieres acaba de desaparecer. Tenía diecinueve, y esperaba tenerla conmigo por lo menos hasta cuando tenga hijos. Ahora que lo pienso, ella hubiera sido una abuela excelente; y pues es obvio, esa mujer tenía una capacidad para amar muy grande.

Cuando me enteré de lo ocurrido, estaba caminando a mi casa, escuchando alguna canción de Sabina, cantándola a todo volumen en mi cabeza. Estaba con frío y algo sudado. Acababa de salir del gimnasio.

Mi papá y mi hermano estaban viendo televisión tirados en el sofá donde tantos años nos sentábamos los cinco a ver nuestras series preferidas.

Mi hermana tendida en su cama, intentando entender porqué existe la tarea de matemática, probablemente multiplicando mal, recuerdo que de niña siempre tuvo problemas con la tabla del nueve.

Timbró mi celular, mi hermano a las justas podía respirar, no entendía nada de lo que me decía. Fue la primera vez que lloró en su vida. Me caí al suelo. Me embarré todo por la lluvia, la vida se me fue por algunos segundos, mientras el corazón hizo todo lo posible por suicidarse en el momento. Volví a la vida, me pare, recuperé el equilibrio. Empecé a correr y no paré hasta estar frente a la puerta de mi casa, no quería entrar. Me senté en la entrada, justo junto a la puerta. Apenas entre se jode la vida pensé.

Se detuvo todo el tráfico en la avenida principal. La ambulancia nunca llegó. Los que estuvieron cerca, y vieron todo lo que pasó comprendieron al segundo que de ese accidente, no salía nadie vivo. Al mismo tiempo unos niños comían helados, la U ganaba 2-1, el presidente estaba en China firmando documentos, algún loco hablándole a una estatua y yo, moría con mi madre.

domingo, enero 28, 2007

El rastro de tu sangre en la nieve [Cuento: Texto completo]

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/ggm/rastro.htm

Gabriel García Marquez